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Ana el once de marzo. Reflexiones sobre la escenografía.

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Hoy hablaremos de escenografía.

El teatro es una obra de arte en el que coinciden el texto, la interpretación, la música, la iluminación y el diseño de todos los elementos situados en ese cuadro tridimensional que nos ofrece el  escenario.

Por lo tanto el teatro no es sólo una mirada, sino varias. Tantas como profesionales intervienen. Es una mirada compleja y rica, un trabajo en equipo que modifica el punto de vista de cada uno de los que interviene.

La escenografía ilustra, apoya, y sugiere. Completa los significados y aporta una mirada más a la obra de teatro.

La escenografía de “Ana el once de marzo” partió de las conversaciones con su autora y directora, Paloma Pedrero, y evolucionó poco a poco a lo que hoy es. La idea de Paloma se modificó, mi idea se modificó y llegamos a ese punto de satisfacción dentro de nuestras circunstancias y presupuestos.

Los ensayos y el día a día también sugirieron cambios. Es fascinante ver como el proceso creativo se enriquece con todas estas miradas y en este caso todas ellas femeninas. Trabajamos con respeto y sensibilidad al trabajo de las demás siempre teniendo como objetivo el enriquecimiento de la obra.

 Escenografía

 

El tres es el número clave en esta obra. Hay tres mujeres que tienen alguien en común: Ángel. Y esas tres mujeres necesitaban cohabitar el mismo espacio escénico con tres diferentes espacios. Dos de ellos más íntimos: El pisito de la Ana amante y la habitación de Doña Ana, la madre, en una residencia de ancianos. Y uno público, que situamos en el centro del escenario: la sala de espera de un hospital en el que la Ana esposa espera noticias de Ángel, su marido.

Este espacio público es prácticamente monocromo. Es un espacio blanco en el que se sitúan un biombo, las sillas dónde esperan los familiares de las víctimas y una lámpara muy peculiar. 

Una de las primeras cosas que pensé al plantearme la escenografía era el hacer presente a las 192 personas que nos dejaron aquel  11 de marzo. Ellas tenían que estar allí. Por ello diseñé una lámpara que conecta el suelo, la tierra, con el cielo. Una lámpara en el que las gasas que curan en los hospitales fuesen dibujando esa forma de luna a medida que cada persona abandonaba este mundo. La bola no está completa porque muchos vivieron, están luchando día a día por salir adelante.

Lámpara mariposa hospital 

La lámpara está llena de mariposas.  La mariposa en muchas culturas es un símbolo del paso a otra vida. “Las mariposas han sido consideradas por muchas culturas como entes que pueden volar entre el mundo de los vivos y el de los muertos, debido a la ligereza de su vuelo. Como conectan ambos mundos, también se considera que pueden ser capaces de transportar las almas de los muertos entre ellos”.

Recordaba entonces el libro de García Márquez “Cien años de soledad “que tanto me gusta. Él también utiliza mariposas, en este caso amarillas, para acompañar a un personaje que va a morir, a modo de premonición.

Las tres sillas de espera no están puestas en línea como es habitual, están puestas en círculo, en este caso en triángulo, para hacer referencia a un juego infantil. En este “juego de la silla” siempre hay alguien que pierde y sale del círculo desplazando una silla. Amina y Ana esposa esperan noticias y una de ellas va a perder. Quién va a perder se hace más evidente cuando una de ellas coge la silla y la saca del círculo.

También es interesante ver que por la posición de las sillas, respaldo con respaldo, Amina y Ana en principio se sitúan en escena dándose la espalda. Oriente y Occidente se mantienen distantes. Algo que cambiará en el transcurso de la obra.

El biombo delimita ese espacio y conecta con la escenografía de la amante permitiéndole tener un espacio vestidor dentro de su pisito, crea espacio. También facilita la riqueza lumínica en escena.

 

Ana amante ocupa el espacio a la izquierda del espectador.

Espacio escénico Ana amante (sofá) 

 

Se trata de un espacio hecho por sí misma. Un espacio en el que todo el mobiliario, un sofá-cama con mesita incorporada está hecho con palés encontrados en las calles y cajas de madera. Espacio mínimo, reciclado y actual, fácil de transportar y en el que se sitúan lámpara, mando de tele y además sirve para ubicar los zapatos, en este caso las botas de Ana. Dice mucho de cómo es ella y cuál es su mundo. En ese espacio también hay un pequeño dibujo de Egon Schiele, una mujer desnuda recostada con la sensualidad brutal de los cuadros de este pintor. Egon es uno de mis pintores favoritos y, sin saberlo, coincidí en gustos con Marta Larralde, la actriz que interpreta a Ana amante y habita este espacio.

Este espacio se cierra con dos elementos más: una alfombra redonda y dos escaleras. La alfombra colorada situada delante del sofá es una diana. Es la diana en dónde cupido ha lanzado su flecha y es una diana en dónde transcurren las escenas de Ana más desgarradoras y emocionantes, cuando recuerda esos momentos de encuentro con su hombre, esos momentos de efímera felicidad. Es una diana devastadora.

  

Espacio escénico Ana amante 

En el fondo están situadas las escaleras. Son escaleras para subir…y es el armario de Ana. Hay dos, están hechas con cuerdas y perchas a modo de escalones. En una de ellas, la de la izquierda hay más perchas, es la de Ana. Ella vive en esa casa. Allí está su ropa. La de la derecha es la de Ángel. Ángel es su amante, no vive en la casa, su estancia es intermitente pero su presencia constante. Por ello tiene un lugar en su armario, en su vida. Su chaqueta está allí, presente.

 

Ana madre se sitúa a la derecha.

Doña Ana está en una residencia. Sufre una demencia en la que su memoria anda dando saltos entre el pasado y el presente. ¿Quizá como mecanismo de defensa ante la difícil realidad?

Su espacio lo ocupa una mecedora antigua, la mecedora de mi abuela. Una mecedora de madera que aporta calidez a este espacio y conecta con la escenografía de Ana amante en cuanto a textura y color. Elementos que utilizaré para equilibrar estos dos lados del escenario.

Espacio escénico residencia. 

 

La mecedora actúa no sólo como elemento para sentarse, tejer o dormitar, es columpio, acercando a Ana madre a su niñez y cuna en la que acuna a su bebé a través de su paciente y cómplice enfermera. En ella descansa y envuelve a Doña Ana la chaqueta de su hijo. Ángel se dejó la chaqueta cuando fue a verla…

La mesa blanca y las jaulas blancas son elementos asociados al espacio público y al modo de entender a la mujer, en el caso de las jaulas, a la mujer en la época que vivió Doña Ana. En la España de aquel tiempo en el que la mujer era portadora de virtud y cuidadora de la casa y la familia pero con pocas otras opciones. Son elementos externos a ella.

Ella los ocupa. Los ocupa abriendo las jaulas y llenándolas de color y de calor, de lo que a ella le gusta. La lana es material de creación, con ella tejemos y construimos elementos que nos protegen, son bellos y nos acercan a esos mundos de infancia. Mi abuela me enseñó a tejer y ese es el nexo que me une a ella y a momentos felices de mi vida en donde los problemas simplemente no existían.

Los ovillos de colores me permiten conectar con ese mundo inocente en el que Ana madre se encuentra en ocasiones, esa niña que aparece cuando una crece demasiado. Las hebras de lana caen de la jaula grande hacia el suelo y dibujan en él. Se entrecruzan sin definir. Se trata también de una metáfora referente a la memoria de la protagonista de ese espacio.

Los colores de estos ovillos de lana conectan con los colores del espacio de Ana amante equilibrando de esta manera la composición espacial. El blanco de las jaulas y su ubicación, dos de ellas suspendidas en el espacio conectan con la lámpara del espacio central, con esa monocromía de lo ajeno.

La pequeña jaula sobre la mesa tiene forma de casita. La casa que ya no tiene. En ella guarda Ana el tabaco, elemento prohibido en la residencia pero que a ella le gusta y le aporta ese punto de glamour de las heroínas del cine de otras épocas.

Y por último otra esfera más aparece en escena. Una bola del mundo hecha con retales de tela y mares de lana tejida. Una bola remendada. Rehecha por las mujeres de este mundo, aquellas que traen a la vida vuelven a revitalizar el planeta con todo lo bueno que hay en el ser humano.

 Planeta Tierra. 

 

Con ello y la iluminación de Susana Romero y Carlos Sañudo, la escenografía está completa. Preparada para ser habitada por sus protagonistas. Cinco actrices cuyo vestuario también está pensado para completar su personalidad y hacer más entendible la acción.

 

María José Alfonso (Doña Ana) María José Alfonso (Doña Ana)

 

Blanca Rivera (Ana esposa) Blanca Rivera (Ana esposa)

 

Marta Larralde (Ana amante) Marta Larralde (Ana amante)

 

Sonia Dorado (Amina) - en la actualidad Laura Toledo Sonia Dorado (Amina) - en la actualidad Laura Toledo 

 

Ana Peinado (como Julia, enfermera) Ana Peinado (como Julia, enfermera)

 

 

© 2016 Gracia Bondía Alberola

http://teatroespanol.es/387/ana-el-once-de-marzo/